domingo, 31 de julio de 2016

Exportaciones: una oportunidad

Es tan delicado el asunto, que el propio contralor general ha llamado la atención sobre la debilidad en la política de diversificación de fuentes de exportación y la poca efectividad de las políticas públicas para no depender en la forma como hemos dependido de bienes del sector primario (los datos indican que en 2016 podríamos tener exportaciones de cerca de la mitad de las que tuvimos en 2012). Lo que es curioso, y que el contralor pasa por alto, es que en una modalidad de flexibilidad cambiaria como la que tenemos, debiese ser el comportamiento de la tasa de cambio el que por lo menos compensara parte de la caída de las exportaciones del petróleo. En otras palabras, que frente a una tasa de cambio alta, los exportadores al verse beneficiados, deberían haber aumentado sus ventas al exterior; sin embargo, las cifras demuestran lo contrario, aun en exportaciones distintas a hidrocarburos (las exportaciones sin petróleo y derivados han caído en los primeros cinco meses del año en casi un 12 %). Una explicación posible a lo anterior es la baja demanda de los países compradores por su propia desaceleración, no obstante, sigue siendo preocupante que la reacción a la tasa de cambio alta no exista. Esto lo que significa es que en exportaciones seguimos teniendo problemas estructurales asociados a los costos en logística y transporte (asunto que se exacerba con el paro camionero), altos costos laborales, elevados costos de energía y falta de competitividad por el tema tributario. Para completar, me permito incluir una razón adicional que responde a la actitud que viene haciendo carrera en Colombia de ver con recelo el comercio internacional y en simultánea la necesidad de un empresariado más agresivo en el aprovechamiento de oportunidades de comercio en el mundo. Sorprende que para algunos, por ejemplo, la firma de los tratados de libre comercio se ha convertido en el enemigo a vencer. Dichos tratados no son más que autopistas de seis carriles en donde, manejando bien y con pericia, puede uno aprovechar mercados de más de 1,5 millones de consumidores en el mundo entero. Con esa misma lógica mental para qué construimos autopistas 4G, mejor quedémonos con las trochas de un carril y destapadas a ver si así logramos prosperar y defender pequeños privilegios. De otro lado, necesitamos un empresariado mucho más consciente de buscar oportunidades de comercio en esos TLC firmados y avanzar a nuevos mercados en Asia o África. En positivo, recientemente firmamos, en un hecho histórico, el primer tratado de libre comercio formal con un país de Asia, con el que tendríamos la oportunidad de un mercado de productos relacionados con el agro de US$27.000 millones. Más del 95 % de nuestra oferta exportable agrícola puede llegar ya a Corea del Sur y aprovechar un mercado del tamaño de Colombia, pero que al ser de la 9ª economía del mundo tiene mucha más capacidad de compra. Piense solamente en las oportunidades que tendrían las frutas, flores, café y hortalizas de este país si los empresarios viesen esto no como un riesgo o problema, sino como una gran oportunidad. Chile ya lo hizo, y ha logrado posicionar muy bien toda su oferta frutícola. Aquí, mientras tanto, algunos siguen descalificando TLC, quizá porque prefieren multiplicar la pobreza económica y mental del país. Los TLC, sin duda, pueden ser un problema si se administran con actitud de derrota empresarial, pero si se aprovechan pueden ser la gran oportunidad de diversificar nuestra oferta productiva, aprovechar mercados de altos ingresos y multiplicar las fuentes de empleo estable en el país.